22 de marzo de 2013

Fútbol y emociones en Lisboa (Parte segunda)


Y cuando uno decide traspasar el umbral, se enamora irremediablemente del único conjunto que hoy reina en la zona donde se fundó el  ya emigrado Benfica, como bien recuerda una placa situada en una discreta casa rosada. Junto a la estatua que recuerda a Pepe Soares, uno de los grandes nombres de Os Belenenses; pasan tres futbolistas dentro de un Rover desvencijado que quizás tenga ya más de diez años. Salen de entrenar como el ramillete de jóvenes que asoman por la puerta del vestuario hablando francés, algunos de clara ascendencia africana. Uno de ellos, ya más talludito, es Yves Desmarets, ese centrocampista que vistió fugazmente la elástica del Deportivo de la Coruña.

Pese a debutar en la Liga de las Estrellas parece uno más al igual que en su día sucedió con aquél joven prodigio estadounidense de nombre Freddy Adu, hoy ya de vuelta en su país tras recorrer Europa de punta a punta incapaz de refrendar esas expectativas que se crearon cuando, a los catorce años, se convirtió en el deportista norteamericano más joven en firmar un contrato con un equipo profesional de las grandes ligas.

O con ese centrocampista ofensivo más bien ramplón de nombre José Mourinho, que vistió los colores del equipo en Segunda durante la temporada 82-83 a las órdenes de su padre, aún recordado por los seguidores más veteranos tras defender con acierto durante cinco años el marco local, el último que le vio hacer estiradas como profesional.



Jose Mourinho, el omnipresente, ese camino por el que se bifurca cada conversación cuando tus orígenes españoles te delatan. Se puede ser un taxista del Sporting o un conductor de autobuses del Benfica, todos quieren saber más de su embajador más ilustre (por encima incluso de Cristiano). Quieren conocer de primera mano qué le aflige, qué está haciendo, si piensa o no en irse, qué pasó el otro día con algo de un periodista...


Uno pacientemente lo detalla y solo cuando sus ansias de información quedan satisfechas, entonces sí aceptan hablar de sus equipos. Los seguidores de los "Leones", como mi compañero Bruno, critican a Jeffren por no ser un jugador de equipo y alaban a Diego Capel aunque matiza que alguien debería ponerle tirantes, como a los caballos, para que levante la cabeza del césped. También se refieren a un tal "Belarus". Uno intenta descubrir mentalmente qué jugador de Europa del Este viste de verde y blanco para acabar enterándose que ese individuo que aparece en la conversación no es otro que el central holandés Khalid Boularhouz. Cosas del idioma.

El de las "Águilas", por su parte, suelta su lengua mientras de fondo escucha la narración anodina en RTP Radio, nada que ver con España y su fanatismo radiofónico, de un Moreirense-Benfica de Copa de la Liga. Atiende al futbolístico nombre de Thiago Silva ("como el jugador", apunta) y mientras me explica el sistema de torneos nacionales lusos, filtra recuerdos como aquél 3-0 al Sporting de la 2000-2001 con dos goles de Joao Tomas y uno de Van Hooijdonk (otro nombre que toca descifrar) y ensalza el "Estadio Da Luz": "Feo por fuera pero un coliseo por dentro". Vimos días más tarde un Benfica - Sporting de Braga. Ganó Benfica, por un apretado 2-1.



No le falta cierta razón, al menos a lo que en su aspecto externo se refiere. A pesar de vertebrar un barrio entero, resulta difícil verlo en la lejanía desde la ventana del tren que traslada al viajero rumbo a la ciudad de Cascais, fagocitado como está por cientos de bloques de edificios de viviendas. Impone más, por contra, el Estádio José Alvalade, primera estructura reconocible desde el avión cuando uno está a escasos treinta segundos de aterrizar en tierra firme.



Ambos en cambio son iconos, lugares únicos como el Casino de Estoril, hoy travestido en recinto hortera pero antaño nido de espías durante la Segunda Guerra Mundial, cuando servía de musa para ese clásico de la saga Bond conocido como "Casino Royale". No demasiado lejos de allí se encuentra el estadio del equipo local, por entonces engalanado para recibir la visita de un Oporto que se hospedaba en la misma calle de mi hotel lisboeta... pero con bastantes más estrellas. Su imponente autobús les delataba. Cogimos el metro en Marqués de Pombal y un taxi para llegar al Aeroporto de Portela.



El hecho de descubrir todo ello el mismo día y de forma casi azarosa me despertó, lo reconozco, cierta inquietud por saber que pasaría en ese encuentro. Y el destino quiso que este fuera mi penúltimo recuerdo balompédico en tierras portuguesas. Ya pasado el control en el Aeroporto de Portela, en los televisores que salpicaban la zona de embarque, pude ver la rebelión del pequeño contra el grande, cómo el ratón puso por momentos en jaque al tigre.

Cuando llamaron a mi vuelo, el Estoril vencía por 2-1 para angustia de una familia de aficionados del Oporto que se desesperaba con la falta de acierto de Kelvin y para alegría de unos seguidores, quién sabe si del Benfica o del Sporting, que celebraron el segundo tanto mientras engullían un wrap, un cuarto de libra y dos Sagres bien frías. Cómo acabaron entre ellos, nunca lo sabré.

Decía que este fue mi penúltimo contacto con el deporte rey al otro lado de la frontera. Mientras aflojaba la vejiga antes de mostrar mi pasaporte, arriba, en una esquina de la pared del aseo, casi oculta, me observaba de forma impertinente una pegatina que un seguidor del Celtic había plantado en la pared, probablemente antes de volver a casa tras el último encuentro que midió a su equipo con el Benfica en Champions. Había encontrado otras semejante en Cascais con el escudo del Spartak de Moscu o en la Avenida de la Liberdade con referencias a los radicales del Saint Ettiene pero esta era una señal. La señal de que, a no mucho tardar, habrá que volver a Lisboa o a Escocia, quien sabe, si el dinero me lo permite.


Agradecimientos a Pablo Racineux por la primera foto referente al Estádio da Luz. Sacada de su blog http://viajandomehallo.blogspot.com.es/. Gracias.

5 comentarios:

  1. Buenos días. Me gustaría contactar contigo por e-mail sobre una de las fotos que ilustran esta entrada. No he conseguido tu correo, ¿sería posible contactar?. Gracias

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    1. Hola Pablo;

      Dime lo que sea por aquí, si es respecto a la autoría de alguna foto te pongo créditos, faltaría más!!! Indícamelo sin problema! Un saludo!

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  2. Buenos días Alberto. En concreto la primera foto del estadio da Luz, sacada de mi blog (http://viajandomehallo.blogspot.com.es/). Hubiese sido mejor que me hubieras pedido permiso para utilizar la foto.
    Sería bueno que pusieras mi autoría y el lugar del que la sacaste.
    Un saludo y gracias.

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  3. Gracias por avisar Pablo, ahora te pongo créditos. La próxima vez miraré antes! Un saludo, y de nada hombre, para eso estamos :)

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