23 de marzo de 2014

Dos billetes de ida y nada en la maleta (Parte 1)

Dos billetes de ida y nada en la maleta. Sólo sentimientos. Era la típica mañana de primavera: rocío sobre los coches y el sol que tardaba en salir. Hacía frío, tampoco en demasía, pero nada que una chaqueta no pudiera abrigar. Un edificio de tres plantas, sin ascensor. Una casa pequeña, con calefacción y sin agua caliente. Y un joven que quería comerse el mundo.

Hace tiempo que se sacó el título de entrenador para equipos profesionales, y hasta este momento no había podido desfogarse en ningún conjunto. En su cuarto, posters y fotos, por supuesto, relativos al deporte por el que sentía una total predilección: el fútbol. Era un muchacho de 24 años amante del fútbol inglés: su estilo de juego, su forma de mover un equipo, y, sobre todo, la clase y el estilo del viejo sentimiento futbolero británico. Su nombre era Fabián, y quería llegar lejos, lo más que pudiera.


En esa vivienda convivía con su novia. Ella se llamaba Diana, y tenía los mismos gustos que Fabián. Jugadora de fútbol sala desde su infancia, sabía lo que quería, y esto era triunfar. Ella contaba 22 años en ese momento.



En esa típica e idílica mañana de primavera sus vidas iban a cambiar de forma repentina. Eran las siete de la mañana y los dos estaban ya en pie. A las diez de esa misma mañana salía un avión desde el Aeropuerto de Barajas hacia el de Heathrow en Londres. Ambos querían cambiar su vida, y si pudiera ser posible, a mejor.

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