2 de enero de 2015

Dos billetes de ida y nada en la maleta (Parte 7)

Fabián se levantó acalorado esa mañana, a pesar del frío que hacía fuera. Había estado pensando toda la noche tanto en el empleo en el supermercado como en su amistad con Daniel. Antes de viajar a Inglaterra, los dos jóvenes se conocían desde la etapa del instituto, eran inseparables, como dos hermanos. Se habían criado en un pueblo pequeño cercano a Madrid.

Daniel ya llevaba diez meses en la ciudad. Aunque trabajara en un supermercado, su sueño siempre había sido ser un grande en el mundo de la música. A sus 24 años, hace algunos más, había aprendido a tocar la guitarra gracias a su padre, el cual falleció años antes de que el joven acabara el instituto. El sueño de Daniel era distinto al de Fabián y Diana: siempre buscó ser un gran cantante, y para eso decidió marchar a Inglaterra a probar suerte en los bares, en el metro y en las calles de Londres. Tras unos días en la capital inglesa ganando algo de dinero en el “Underground”, su sueño se truncó debido al dueño de un pub, el cual no le permitió tocar en el local, ya que pretendía que tocara sin invitarle ni siquiera a una copa. Tras esto, cogió su guitarra y su maleta e hizo autostop hacia ninguna parte.


La suerte decidió que el conductor le dejara en Nottingham, dónde se quedó. El joven le “pagó” al conductor con la interpretación de una canción del maestro Bob Dylan, ya que no tenía dinero. El conductor, por supuesto, aceptó, y le deseó mucha suerte.

Tras varios días durmiendo en una pensión infestada de chinches y sin ducha, decidió probar suerte en algún trabajo, y le cogieron en el supermercado. Alquiló la casa tras el primer sueldo y también conoció a Giulia, su novia, la cual era abogada e italiana. Aún no vivían juntos: los dos habían decidido que después de sólo dos meses de relación preferían esperar aun un tiempo viviendo separados.

Daniel cumplió su sueño de una manera muy especial tiempo más tarde: a los dos meses de estar en Nottingham, cuando aún tocaba en la calle, un responsable de la sucursal de la BBC Radio en la ciudad decidió invitarle a cantar en un programa para jóvenes talentos. El destino quiso que a los responsables de la emisora les gustara su música y le ofrecieran al joven un programa en la frecuencia. El programa, como no podía ser menos, versaba sobre música, sobre rock, justo el tipo de música que le gustaba. El programa se emitía en directo los viernes por la tarde, ya que era el único momento que el joven tenía libre en toda la semana.


Daniel era ya muy conocido en la ciudad, la gente hasta le paraba por la calle para felicitarle y para pedirle música. Se sentía muy feliz, ya que si a la gente le gustaba, eso significaba que estaba haciéndolo bien.
El joven, desde esa mañana, estaba preparando el programa del día siguiente. En él, como invitado, estaría Fabián. En el programa hablarían sobre música española y la influencia que ésta había tenido en Reino Unido en la actualidad. Sin dudarlo, Fabián aceptó la invitación. Si Daniel se había dado a conocer en la radio, ¿cómo él se iba a negar? Pensó que podría ser una buena oportunidad para anunciarse y conseguir un trabajo mejor que el del supermercado.

Al día siguiente, después de desayunar algo, los dos amigos se marcharon al supermercado. Fabián estaba muy nervioso, desde ese día iba a dejar de estar en prácticas para estar ocupando un puesto fijo en el local.

El señor Gillingham les recibió como los anteriores días, serio pero amable en sus palabras. Lo primero que hizo al ver a Fabián fue decirle que le diese la placa de “newbie” que le había puesto días antes: oficialmente ya no estaba en prácticas, ya era parte de la empresa. Los dos se fundieron en un abrazo, en el cual el señor Gillingham le deseó suerte al joven.


Tocaba volver a colocar género en los estantes, tocaba volver a trabajar duro. Además, había el doble de cosas por reponer: al ser jueves tenía que estar todo listo para las compras del fin de semana. Les esperaba un día duro a los dos amigos.


Cerca de allí, Diana se dirigía al estadio del Forest: hoy empezaba a trabajar en el club. Era un día soleado, con alguna nube. No iba a llover.


La joven llegó a la puerta del City Ground, donde fue recibida por Lara. Diana ya sabía cuál era su puesto de trabajo, sólo necesitaba órdenes de la señora Lansbury. Su primera tarea ese día iba a ser adaptarse a su puesto de trabajo: ordenar informes, revisar papeles antiguos de la persona que ocupaba su puesto anteriormente y hacerse la revisión médica, obligatoria al entrar a trabajar en el club.

Tras acabar todo eso y terminar de organizar el despacho, Diana invitó a comer a Lara, por su ayuda el día anterior al conseguir su trabajo. Quedaron a cenar en la casa de Daniel el sábado, para conocerse mejor.

Por ser el primer día, Diana se iría a casa antes de tiempo. Al salir, vio a algunos aficionados comprando entradas para el partido de liga de ese fin de semana, contra el Brentford. Para no llegar tan pronto, se fue paseando hasta casa, había sido un gran primer día.


Al llegar y tras ordenar un poco la casa, se fue al supermercado a buscar a Daniel y a Fabián. La joven le preguntó a su novio por su día, por su primer día en el supermercado. Todo había ido bien por ambas partes. Al llegar a casa, cenaron y, tras ver un poco la televisión como todas las noches, se fueron todos a dormir. El día siguiente era importante, había que seguir trabajando igual que en el día que ya se acababa. Además, para Daniel y Fabián había algo más ese día, el programa en la radio local por la tarde. Había que pensar cómo iban a hacerlo, por lo cual, tras irse Diana al cuarto, los dos amigos se quedaron preparando el guión para el programa.

Sólo el destino sabía qué les iba a deparar al día siguiente.

Continúa aquí.

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