11 de mayo de 2015

Dos billetes de ida y nada en la maleta (Parte 9)

Tras una larga noche de póker y copas, a las 9 sonó el despertador de Diana. Con el estridente sonido, Fabián también se despertó, sin saber ni qué hora sería. Los dos, uno tras el otro, bajaron a la planta baja, dónde estaban Daniel y Giulia, aun durmiendo. 

Fabián no se acordaba, pero esta noche tenían que organizar una cena. Diana le explicó que vendría a la casa Lara, la enigmática joven española que Fabián encontraba por todos los lugares y que era nueva compañera de Diana.

Había que ir a comprar la cena, y por suerte, el supermercado dónde trabajaban Daniel y Fabián estaba abierto esa mañana. Tras un desayuno rápido, y tras hablar con Daniel y Giulia, que también se apuntaron a la cena, se dirigieron hacia el local. Hacía bastante frío esa mañana de sábado: el cielo estaba encapotado y algunas gotas hacían por caer sobre Nottingham. Por esto, Daniel decidió que irían en la furgoneta. Al llegar, vieron en el parking al señor Gillingham, ya recuperado. Los dos jóvenes hablaron con él, y le contaron su plan para hoy. El hombre les dijo que dentro había lo que buscaran, ya que acababa de llegar un pedido atrasado desde Cardiff. 



Los jóvenes compraron carne, verdura y algo de postre, querían que esa noche fuese especial para empezar a asentarse en Reino Unido. Tras echar al carro lo necesario, pagaron y volvieron a la casa en la furgoneta.

Al acabar de dejarlo todo en la casa, y como empezaba a aclararse el cielo, decidieron ir a dar una vuelta por la ciudad. Diana decidió enseñarles su lugar de trabajo a Fabián, Daniel y Giulia. Tras comprar unos cafés en el lugar donde Diana lo hizo el día que encontró el empleo, se pusieron en camino por la orilla del río Trent. Al llegar, Fabián empezó a sentirse de una manera especial, como si algo que soñase hace tiempo se fuera a hacer realidad. Sí, se estaba acercando a su templo del fútbol en tierras inglesas, el City Ground. Casualmente hoy había partido y, tras ser Diana parte del club, ésta consiguió unas invitaciones para el encuentro contra el Brentford, que se jugaba a las 15.00 horas.
Mientras tanto los miembros de seguridad del estadio permitieron el paso a los 4 amigos, para poder pisar el césped y ver todo lo que les placiese horas antes del encuentro. Fabián, al salir por la bocana de vestuarios, sintió lo que siempre había deseado en sus sueños, pasar al lado del banquillo, poder sentarse en uno de sus asientos y sentirse, aunque sólo fuese por unos minutos, como entrenador del Forest. 

Después visitaron la sala de trofeos, dónde aguardaban relucientes las dos copas de Europa ganadas por el equipo masculino en los años 1979 y 1980. 


Para Diana y Fabián esto sería algo para no olvidar. Tras estos emocionantes momentos, Diana enseñó a todos su despacho y, tras salir del estadio y coger un autobús, las instalaciones de entrenamiento del equipo ´red´.


Al volver, decidieron comer algo rápido, ya que ya eran las 13.30 y debían ir ya hacia el estadio. Debido a haber pedido ese día las invitaciones, los asientos para ver el encuentro no fueron muy buenos, pero si lo fue el encuentro, que el Forest ganó por 2 a 1 y que le permitió seguir en puestos de promoción. Al salir, tomaron algo y se fueron a casa, ya que había que preparar la cena a la que vendría como invitada Lara.

Había, lo primero, que ordenar la casa. Debido al desorden, había polvo por todos los rincones, ya que además de vivir allí los 3 amigos, el propietario de la casa dejaba allí sus enseres. Eran ya las 18.30, y había que darse prisa. Por suerte, a las 8, todo estaba más decente. La invitada llegaría a las 21.00.

Llegó la hora y algo antes de la hora acordada, alguien llamó a la puerta. Como era de esperar, Lara había llegado. Tras los saludos, los 5 se sentaron en el sofá de la planta de abajo, y se pusieron a hablar hasta que la cena estuviese lista. Hablaron de porqué habían llegado al país, que tal estaban tras esto y que, pos supuesto, echaban de menos España. Como en el tren y en el reparto, Fabián estuvo mirando a Lara durante esos momentos, ya que seguía pareciéndole una chica misteriosa: sus ojos verdes y su manera de hablar la hacían distinta para el joven.

Pasó el tiempo y, tras cenar, decidieron hacer planes para dentro de un tiempo: ir a Londres un fin de semana, los 5, como buenos amigos. Eran ya la 01.00 y Lara debía irse para su casa con celeridad, ya que estaban empezando a caer las primeras gotas. Por esto, Giulia, la novia de Daniel, decidió quedarse esa noche en la casa.

Al estar ya en la cama, Fabián no se podía dormir. Había sido sin duda un gran día, sí, pero por lo que estaba preocupado era por Lara y por algo relacionado con su trabajo. El joven pensó entonces en pedirle, el próximo día que se viesen, un puesto de trabajo en el equipo, ya que el trabajo en el supermercado, aunque bien pagado y cerca de casa, no le terminaba de llenar. Fabián quería cumplir un sueño.

Sigue aquí.

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