31 de julio de 2014

Queen - Nunca más (Nevermore)

Hoy os presento este tema de Queen, el cual, bajo mi punto de vista, es mi mejor traducción de todas las que he hecho. Es un tema lento pero con mucha fuerza y un texto con una historia algo triste pero con mucho significado, ahora lo vais a ver.

Se trata del tema titulado "Nevermore", perteneciente al segundo álbum de la banda británica, titulado "Queen II". En el álbum, este tema "nace" del anterior, llamado "The Fairy Feller´s Master-Stroke". Dicho tema, con una melodía en piano y unas notas de bajo, enlazan con "Nevermore".



"Nunca más"
Letra traducida por Alberto Ballesteros.


Ya no hay sustento en mi vida,               los mares se han secado y                    la lluvia ha dejado de caer,
por favor no llores más.

¿No lo puedes ver?
Escucha la brisa,
susúrrame por favor
no me envíes a la senda del nunca más.             
Incluso en el valle que está debajo,
donde los rayos del sol eran cálidos y tiernos, 
hoy nada crece.

¿No lo puedes ver?                                 ¿por qué tuviste que dejarme?
¿por qué me engañaste?                         Me enviaste a la senda del nunca más     cuando me dijiste no te amaré
ah, nunca más, nunca más.                                 
"Nevermore"
Letra escrita por Freddie Mercury.

There's no living in my life anymore,
the seas have gone dry
and the rain's stopped falling,
please don't you cry any more.

Can't you see?
Listen to the breeze,
whisper to me please
don't send me to the path of nevermore.

Even the valley's below,
where the rays of the sun were so warm and
tender,
now haven't anything to grow.

Can't you see?
why did you have to leave me?
why did you deceive me?
You sent me to the path of nevermore
when you say you didn't love me anymore
ah, nevermore, nevermore.


Para ilustraros la letra, os dejo un vídeo con la música de "The Fairy Feller´s Master-Stroke", seguida de "Nevermore", también para que notéis como un tema nace del otro. Espero que os haya gustado. Acepto críticas y halagos varios.


Nota: Si notáis algún fallo, decídmelo y lo arreglaré.

19 de julio de 2014

Dos billetes de ida y nada en la maleta (Parte 5)

A la mañana siguiente, Fabián tenía una misión, algo importante que hacer. Acudiría junto a Daniel al supermercado en su primer día de pruebas como reponedor, bajo la atenta mirada del señor Gillingham. Sabía que un fallo podía ser fatal para no lograr el ansiado puesto, y sabía también que sin dicho trabajo, su vida y la de Diana en Reino Unido sería fatal, a no ser que la joven también lograse pronto un empleo. Tenía que empezar con buen pie en su nuevo trabajo.

Llegaron al supermercado, eran alrededor de las 9 de la mañana, el cielo estaba encapotado, de color morado, amenazaba lluvia.

Al entrar en el local ahí estaba el señor Gillingham, con su uniforme negro. Tras saludar a los jóvenes, le entregó a Fabián el uniforme, un polo negro con el logo de la empresa y unos pantalones a juego. También le dio una chapa para colocarse en el polo, la cual rezaba “NEWBIE” (“primerizo”, ya que Fabián estaba en prácticas) y le indicó su primera tarea: descargar el cargamento de bebidas que acababa de llegar de Leeds. En total eran dos palés repletos de latas y botellas de refrescos de cola y de frutas, los cuales tenían la altura del joven. Tras unos 15 minutos, finalizó su primer trabajo.

Lo siguiente era probarse en las cajas, una ardua tarea. Esta vez, Fabián tenía cierta dificultad para realizarlo: prácticamente no conocía la moneda británica. Por fortuna a esa hora la afluencia de clientes era baja, por lo cual todo fue bien y se pudo tomar su tiempo, lo que a los clientes no les importó: ni una equivocación en el cambio, pese a tanta libra y penique en su cabeza. Además, su compañero Daniel le echó una mano: éste también había pasado por ese puesto al empezar. Tras esto, llegó la hora de comer, lo cual llevó unos pocos minutos: un sándwich y un refresco en las escaleras del muelle de descarga junto a Daniel. El tiempo apremiaba, eran las 3, y a los dos amigos les aguardaba otra tarea.

Tras hablar Daniel con el señor Gillingham, este accedió a que Fabián le acompañara a repartir los pedidos de ese día, al igual que hizo la tarde anterior, pero esta vez de verdad. Este sería el primer contacto serio de Fabián con la ciudad y con los habitantes de Nottingham.

Al acercarse a la furgoneta de reparto para marchar, Daniel ofreció a Fabián ponerse al volante, lo que este rechazó por dos motivos: el primero era que aún debía aprender y acostumbrarse a conducir por la izquierda, y la segunda que no conocía la villa de Nottingham, lo cual le haría difícil conducir esa primera vez, aunque Daniel le indicara por dónde ir.

La primera parada era un piso en un alto edificio, el cual se hallaba en una avenida muy larga, en una cuarta planta. Cogieron una pesada caja llena de bolsas blancas y la subieron a pulso hasta el rellano de la vivienda, cada uno cargándola de un lado. Al llamar a la puerta les abrió la puerta una joven de melena castaña y ojos verdes.

Fabián, al ver a la chica, creía recordarla de algo, y rápido se acordó de qué: era la joven con la que se cruzó en el pasillo del tren cuando viajaban hacia Nottingham.

Su nombre era Lara, y era española. La muchacha firmó el albarán, entró la caja a la casa empujándola con el pie y se despidió de los jóvenes. Tanto Fabián como Daniel marcharon por las escaleras para seguir el reparto por la ciudad.

Fabián quedó algo contrariado al encontrarse con la joven Lara por segunda vez en un par de días. ¿Quién era esa chica y a que se debía el encontrársela tantas veces?

El joven se pasó toda la tarde pensando en ello y las demás entregas se le hicieron cortas. Eran alrededor de las siete y media, y ya era hora de volver al supermercado: la jornada había terminado para los dos. Tras ser felicitados por el señor Gillingham por el buen trabajo, tanto Fabián como Daniel volvieron a casa en la furgoneta.

Al llegar a la casa, fueron recibidos por Diana. La joven, tras conocer algo la ciudad tras dar un paseo esa mañana, se puso a ordenar lo que restaba de ropa de la maleta en el armario y a limpiar un poco la segunda planta de la vivienda, la cual estaba hecha un desastre. Tras esto, Fabián y Daniel tomaron una ducha y se dispusieron a salir para dar una vuelta por el barrio, a lo que también se sumó la joven.

Tras un rato caminando hacia el centro, los tres llegaron a una gran plaza con un majestuoso edificio con una gran cúpula, el cual quedaba al frente. La pareja ignoraba que función tenía el edificio, a lo que Daniel respondió que se trataba del ayuntamiento de la ciudad.


La plaza tenía lugares para sentarse y tomar algo. Fabián compró unas bebidas bien frías y los tres se sentaron en un banco de piedra a tomarlas. Empezaba a hacer un poco de frío y decidieron marchar de vuelta a la casa, ya era tarde. Parecía que otro día había acabado, ya que el sol empezaba a esconderse entre los edificios.

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